
Desde que nuestro hijo/a nace, va adquiriendo unos hábitos alimentarios que lo marcarán para el resto de su vida. Estos hábitos comienzan con la ingesta materna (el pecho) o preparada (el biberón) que toma el bebé. Las madres procuramos acostumbrar a nuestros niños/as a sus tomas en unas horas determinadas siguiendo el criterio propio o del pediatra.
Es imprescindible tener un horario fijo para comer en nuestro bebe, ya que variar este horario puede ocasionarle cierta inseguridad. Las tomas a lo largo del día deben producirse con regularidad, porque podría darse el caso de que pasara demasiado tiempo entre las dos primeras y muy poco entre la segunda y la tercera, lo que podría ocasionar una mala alimentación o que dejara de comer por inapetencia. Además, si las tomas son demasiado espaciadas en el tiempo, el niño suele tener mal humor. A medida que va creciendo, se puede ser más flexible.
Cuando nuestro bebé deja de ingerir únicamente leche y pasa a tomar alimentos triturados (primeras papillas, caldos…), y de estos a los desmenuzados, necesitan de un periodo de adaptación, en el que es importante que las personas que convivan con el pequeño estén implicadas y sean conscientes de que están educando la manera de comer y de alimentarse. Por eso, es importante seguir las recomendaciones de un pediatra sobre la alimentación y la salud de nuestro bebé acerca de cuándo deben introducirse alimentos sólidos sin triturar.
Cuando van siendo mayorcitos, es importante que vayan recibiendo cierta educación familiar en este tipo de hábitos para que cuando sea adulto sepa comer bien y de forma equilibrada. Por eso, si la dieta de sus padres o adultos encargados de la alimentación del niño/a es variada y equilibrada, la del niño también lo será. Si por el contrario, en casa los adultos comen por su cuenta, a cualquier hora del día, recurriendo a alimentos precocinados… difícilmente el niño llegará a tener una dieta equilibrada.
Para una buena alimentación infantil es necesaria la proteína, que se encuentra en la carne, el pescado, los huevos, la leche y derivados (yogur, queso o postres lácteos). Estos alimentos también contienen mayor o menor cantidad de grasas saturadas. Además, podemos encontrar proteínas en las legumbres, los cereales y los frutos secos, que en general no llevan grasas o las llevan de procedencia vegetal que no son perjudiciales para la salud. Por otra parte, los cereales y legumbres también son ricos en fibras, lo que ayuda a la evacuación.
Ingerir alimentos variados es importantísimo, de hecho, está comprobado que los niños/as que van a los jardines infantiles suelen comer antes mayor variedad de alimentos: comen sin problemas la ensalada, el pescado y la verdura cocida, a diferencia de la mayoría de los que comen en casa.
No debemos olvidar que cada niño/a es diferente y tiene sus propios gustos. Debemos respetar que haya un alimento que no le guste, pero no se puede permitir que abandone una familia de alimentos. Por ejemplo, si no le gusta la leche, se le pueden dar yogures o queso… lo importante es sustituir un alimento por otro que tenga las mismas características nutritivas.
A veces los adultos somos culpables de acostumbrar a nuestros pequeños/as a gustos tirando a dulces al añadir un poco de azúcar a las primeras papillas de fruta para que se la coman mejor. De esta manera, el niño/a termina aficionándose a toda clase de alimentos dulces, lo que no debemos procurar que ocurra. Además, es importante acostumbrarlo a que las comidas no sean ni muy saladas ni mucho menos condimentadas, porque podría dañarse su aparato digestivo (por ejemplo, alimentos precocinados). También debemos controlar la ingesta de golosinas, chocolate, pastelitos industriales, helados… ya que puede aparecer problemas como caries, desarreglos glandulares con problemas de obesidad, niveles alto de colesterol o diabetes en niños/as de corta edad.
Cuando el niño/a empieza a comer como los adultos, adquiere hábitos propios de estos, y uno es el de picar, es decir, comer a deshora y desordenadamente. Esto hace que se retrase su hora de comida, y que finalmente no coma o coma mal.
Algunos niños/as tienen inapetencia crónica, lo que supone que los adultos responsables de su crianza deben saber muy bien qué tiene que comer este niño para que todas las carencias nutritivas se compensen comiendo muy poco. Hay que seguir las indicaciones del pediatra; comer carne, pescado y verdura (cocida y cruda), legumbres (pueden ser purés), pasta, papas, fruta, leche y sus derivados. Si, por ejemplo, el niño/a no quiere comer más y en el plato hay carne y verdura con papas, no se le puede proponer dejar la verdura y las papas y comer sólo la carne, tiene que comer un poco de todo para llegar a una dieta equilibrada.
En cuanto a la temperatura de las comidas, aunque el niño sea pequeño, tiene calor y frío como los mayores, así que, por ejemplo, no se le puede dar un caldo caliente en el mes de verano. Hay que comprobar siempre la temperatura de la comida, en particular la de los bebés, ya que a veces el niño/a es tan perezoso para comer, que se le enfría la comida.
En resumidas cuentas, para que el niño adquiera unos hábitos alimentarios correctos desde pequeño es importante:
RECUERDA! Una buena alimentación es necesaria para un buen crecimiento y la primera medicina preventiva.