
Hace años, la adicción de la mujer al alcohol se presentaba principalmente de dos formas:
Actualmente la mujer ha pasado de estar dedicada exclusivamente a las labores domésticas a integrarse de forma permanente y activa en los sectores sociales. El rol social se ha modificado sustancialmente y sus pautas de consumo y conductas se han adaptado a este cambio. La mujer actualmente se iguala en su modo de actuar al varón llegando a asumir modelos de consumo masculino, sin necesidad de justificarse ante nadie, aunque sigue manteniendo una cierta tendencia a la ocultación del problema.
A este cambio social hay que añadirle que muchas mujeres padecen desde la adolescencia las consecuencias de su marginación de género, y esta marginación desemboca en un uso más abusivo del alcohol. Superada la adolescencia, las mujeres que acceden al mercado laboral o se emancipan del hogar familiar se ven impelidas a la hipercompetitividad, pues deben demostrar más que sus compañeros de trabajo. De este modo, en los últimos años el uso del alcohol ha sido incorporado por el género femenino a su repertorio conductual como un elemento positivo, satisfactorio y como uno de los estandartes de liberación e independencia dentro del rol femenino, convirtiéndose el alcohol en un símbolo de rebeldía, igualdad y liberación.
Existen una serie de razones que hacen a la mujer adicta al alcohol: